" Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso y amoroso. Hacía todo lo que suelen hacer los caballeros buenos, generosos y amorosos. Luchaba contra los enemigos, que eran malos mezquinos y odiosos. Mataba dragones y rescataba Damisela en apuros. cuando en el asunto de la caballería había crisis, tenía la mala costumbre de rescatar damiselas incluso cuando ellas no deseaban ser rescatadas y, debido a esto, aunque muchas damas le estaban agradecidas, otras tantas se mostraban furiosas con el caballero. Él lo aceptaba con filosofía. Despues de todo, nos e puede contentar a todo el mundo..."
"El caballero lloraba de alegría. No volvería a ponerse la armadura y cabalgar en todas las direcciones nunca más. Nunca más vería la gente el brillante reflejo del acero, pensando que el sol estaba saliendo por el norte o poniéndose por el este. sonrío a través de sus lagrímas, ajeno a que una nueva y radiante luz irradiaba de él; una luz mucho más brillante y hermosa que la de su pulida armadura, una luz destellante como un arroyo, resplandeciente como la Luna, deslumbrante como el sol.
porque ahora el caballero era el arroyo. Era la Luna. Era el Sol. podía ser todas estas cosas a la vez, y más, por que era uno con el universo. Era amor."
Tomado del Libro
El caballero de la armadura Oxidada de Robert Fisher
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